¡Hola regalacuenteros! Hoy me he levantado melancólico, así que os voy a hablar de los juegos clásicos a los que jugábamos cuando éramos duendes pequeñitos en nuestra cueva taller de cuentos. No es que hayamos crecido mucho, porque somos duendes. De hecho no soy tan mayor, ya que siempre he recordado al Viejo Duende Sabio con barba… Pero bueno, aunque no hayamos dado un estirón tan grande como hacéis los humanos, digamos que éramos más pequeñajos y jugábamos más.

¿Os acordáis de aquella época? ¿Y cuantas veces te ha dicho tu hijo que se aburre? Vamos a recordar los juegos a los que jugábamos entonces, para que les contéis a vuestros hijos, que seguro que si los animáis lo pasarán genial.

Hoy traemos juegos que se pueden hacer dentro de casa, aunque siempre es mejor jugar fuera si el tiempo acompaña.

Pilla-pilla

pilla-pilla

Un juego de lo más sencillo. En el pilla-pilla o “tú la llevas” un jugador “la liga”, es decir que debe pillar a todos. Debe contar hasta un número determinado para que los otros escapen y entonces irá a pillarlos. El juego termina cuando pilla a uno. En la siguiente ronda, la liga aquel al que han pillado.

También existe la versión en que se debe pillar a todos para acabar, y para complicarlo aún más aquellos a los que va pillando se quedan en una zona designada como cárcel. Si un jugador al que no han pillado toca la mano de uno de los jugadores en la cárcel, éste queda libre.

La peste alta

Es como el pilla-pilla pero se necesita un terreno con elevaciones. Estas elevaciones que pueden ser escalones, bancos, etc. son casa. Es decir que no se puede pillar a los que estén allí. Hay variantes en las que podemos definir las zonas “casa” de cualquier otra manera. Desde decir cuáles son hasta marcarlas con tiza, aunque esto mejor lo dejamos para exteriores.

Stop

También similar al primero, pero en este caso para estar a salvo hay que gritar STOP, y quedarse quieto, con los brazos en cruz y las piernas algo abiertas (tampoco demasiado). El jugador que está en esa posición solo podrá volver a moverse cuando otro jugador le toque.

En este caso, el que “la liga” puede ganar de dos maneras: pillando a otro jugador o si todos los demás jugadores se han quedado parados en STOP.

El escondite inglés

Para jugar al escondite inglés, es necesaria una pared. El que “la liga”, también conocido como el guardián, debe ponerse de cara a ella, dando la espalda al resto de jugadores que deben situarse a una distancia establecida previamente. Se puede usar la línea que hacen las baldosas, marcarla con tiza o indicar de cualquier otra forma la distancia a la que empezarán los jugadores.

El guardián debe decir mirando a la pared “un, dos, tres, escondite inglés” (hay muchas otras versiones), y girarse. Entonces si ve que algún jugador se mueve, puede decirlo y éste volverá de nuevo a la línea de salida. Gana el primero que consiga tocar la pared.

Pídola o saltar el potro

saltando el potro

Un niño se coloca encorvado escondiendo la cabeza entre las manos para servir de potro. Los otros niños saltan por encima con las piernas abiertas. Se pueden ayudar de las manos para saltar sobre el potro.

Existe la posibilidad de añadir dificultad y diversión: Cada niño que salte se va agregando al potro, es decir que se colocan dos o más niños encorvados juntos para que saltar sea más complicado.

La gallinita ciega

gallinita-ciega

La gallinita ciega, es como el pilla-pilla pero el niño que “la liga” irá con los ojos vendados. El terreno debe estar libre de obstáculos para evitar accidentes. Para empezar los niños vendan los ojos al que tendrá que pillar asegurándose de que no vea. Entonces le empiezan a dar vueltas para desubicarlo un poco mientras recitan: “Gallinita ciega, ¿qué se te ha perdido? Una aguja en un pajar. Date tres vueltas y la encontrarás. Uno, dos y tres”. En ese momento la gallinita debe intentar pillar a alguno.

Cuando atrape a alguien, ese será la gallinita ciega, y el juego vuelve a comenzar.

 

Mañana hablaremos de otros juegos a los que jugar al aire libre. Y ya os contaremos otro día de lo que hacíamos en casa cuando llovía. Desde luego, con estos cuentos seguro que podéis montar una fiesta infantil estupenda.

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